Todo inició alrededor de las cuatro de la tarde. No faltó niño,
adulto o anciano a la ceremonia. El pasado sábado se dirigieron todos en
desfile por la Avenida de los Italianos, en Puerto Madero, detrás de la figura
sonriente de una Mafalda gigante de diez metros de altura. Sobraron sonrisas y
aplausos, acompañados del rockero sonido de los Heavysaurios, que cantaron,
entre otros temas, su hit “Quiero Leche”. Pese al frío y al viento, que se
encargaron de erizar la piel de todos los presentes, la multitud marchó al
nuevo hogar de la risa, lugar donde se conmemoraría a aquellos grandes que
alguna vez sacaron una carcajada de cada uno de nosotros. Este es el nuevo,
nuevísimo, Museo del Humor, o MUHU, de forma abreviada.
Una vez llegados al lugar, el inmenso inflable de la obra más
querida de Quino se bamboleaba entre los árboles, a veces bajaba para jugar con
los padres e hijos que se encontraran cerca, y, como una estrella, bailaba en
el centro del gentío al son de la trompeta, el acordeón y el bajo de Babel
Orkesta.
Entre tanto los más viejitos se refugiaban del invernal clima en la
entrada del Edificio de la ex cervecería Munich, nueva sede de la risa, lugar
de particular arquitectura, de antiquísima estructura, de balcones con prolijos
ribetes, de artesanales y coloridos vidriales y de columnas minuciosamente
decoradas. Según señala el Ministro de Cultura de la ciudad, Hernán Lombardi, desde
uno de los panfletos repartidos en el Museo, este sitio, cargado de historia y
lejanía, será “un espacio donde el humor gráfico sea protagonista en todas sus
formas y manifestaciones; y que junto a Quino, Mordillo, Garaycochea, Sábat y
García Ferré, como Directores Honorarios del Museo del Humor” se hace realidad
un sueño.
Junto a la entrada, y recibiendo a los recién llegados, se
encontraba un inflable con las figuras de Caloi – con Clemente –, Quino – con
Mafalda –, García Ferré – con
Larguirucho e Hijitus – y Mordillo, entre otros; en el segundo piso, colgados
dos a cada lado del balcón central, se encontraban pancartas con personajes
reconocidos de humoristas argentinos: Dante Raúl Quinterno, García Ferré y Eduardo Ferro. La
ansiedad se veía en la cara de la gente, los más jovenes se asomaban a los
enormes ventanales para ver qué sucedía allí dentro, la música había parado
hacía ya media hora y las personas se iban compactando en una masa, expectante
de la apertura al público del museo.
Con la llegada tardía del Jefe de Gobierno de la Ciudad, Mauricio
Macri, comenzó la inauguración con las palabras del humorista Carlos
Garaycochea, que con su tinte de gracia, comenzó diciendo: “Señoras y Señores,
esto incluye a muchos de ustedes: La verdad es que he peleado tanto para que
los dibujantes tengamos nuestro lugar, que ya a esta altura me podrían haber
dado el Museo de Bellas Artes.”, y destacó la felicidad que él y sus colegas
sentían por el espacio brindado y el homenaje a esos grandes que fueron sus
maestros. Finalmente las palabras del jefe porteño Macri, afirmando que este
museo pone a la ciudad en “la vanguardia del mundo porque existen algunas
pequeñas cosas en el mundo, pero no un lugar donde concentra 200 años de
historia de humor gráfico”, en honor a todos los grandes del dibujo; y,
esperanzado de que éste “sea un lugar de referencia para todos los jóvenes que
comienzan”, cortaron el lazo inaugural con el que daban comienzo a lo que
significó la lucha, el trabajo y, sobretodo, la creatividad de muchos.
Luego de que llegara el momento más esperado, alrededor de las cinco
y media, y viendo que las puertas no abrían, comenzó a quejarse una voz, luego
dos, más tarde tres o cuatro y de pronto, al unísono y en forma de protesta, la
multitud aglutinada gritaba “¡Queremos Reír! ¡Queremos Reír!” quejándose con
los dos guardias de la entrada, quienes después de un breve instante, cedieron
a la petición de estos hambrientos de humor.
Una vez dentro, en el hall, los pisos con rombos y figuras de magos
y señoritas con cerveza hablaban de la historia del viejo pero pintoresco
inmueble. Allí se compartía la calidez de las personas, algunos tomando té
sobre las antiguas mesas y sillas del lugar, otros con pequeños vasos de
cerveza compartían el calor que tanto escaseó en la dulce espera de la entrada.
La gente caminaba por los pasillos, cuartos, escaleras, algunos se paraban a
hablar con el mismísimo humorista Sábat, que humildemente y sentado en un
banquito bastante desgastado del lugar, compartía sus experiencias y respondía
preguntas de los tan curiosos visitantes. Algunos simplemente quedaban
hipnotizados con los cuadros expuestos, leyendo pequeñas reseñas de las
muestras que contaban la historia del humor grafico en Argentina en el siglo
XIX, de la “Edad de Oro” – que abarca de 1930 hasta 1950 – y del humor gráfico
entre dictaduras y democracia – época comprendida desde 1960 hasta la
actualidad –. La muestra inaugural presentó la exposición "Carlos
Garaycochea, humor en colores", que reunió 40 obras originales realizadas
por él para la revista El Gráfico y otras publicaciones. Según palabras del
periodista, dibujante y fundador del
Museo del Dibujo y la Ilustración, Hugo Maradei, esta “muestra de apertura del
Museo del Humor trata de ser una primera síntesis, en poco más de cien obras,
de lo que significa el Humor Gráfico para nuestra querida ciudad de Buenos
Aires, y también un reconocimiento a aquellos artistas que desarrollaron un
oficio superlativo aunado a una creatividad desbordante.”.
Este es el inicio de un espacio al que podrá concurrir todo aquél
que busque pasar un buen momento, en familia, con amigos o solo; en donde se
aprecia que los artistas tomaron el arte y el humor como expresión o protesta,
demostrando que se puede tomar la realidad de otra manera y encontrar esa
vuelta de tuerca para reírnos de lo que nos apena. Porque la risa es salud y,
tomando las palabras del gobernador bonaerense Macri, porque “no hay futuro si
no hay humor”.
Trabajo hecho para la cátedra de Taller de Redacción Periodística.
Flor


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