lunes, 9 de septiembre de 2013

¡Splash!








I.
Sin más preámbulos, solté esa soga de la que colgaba.
A la que me aferraba para no caer y con la que, al final, también me ahorcaba.
Hasta entonces, nunca había deseado tanto el vacío.
Qué momento: El impacto o la asfixia.














II.
Aunque, como dicen, "el peor cambio es arriesgar la paz".
Y por un tiempo me dediqué a sentir el rasguño de sus cerdas.
Viejas. Desgastadas. Ya sin sentido, era lo mismo eso que el vértigo.
Y convertida en un amargo cocktail de resignación, tristeza y frustración, me liberé.








III.
Comencé a caer...
El viento en la cara secaba las dos o tres lágrimas que el cuerpo y la conciencia le dedicó.
Seguí cayendo...
Traté de pensar en otra cosa antes del golpe final.

Caía... 

Cerré los ojos.
Y extrañamente, seguía cayendo...
"Esperá."

Abrí los ojos, y me encontré con que no hubo golpe, ni hubo final.





IV.
Allí caí en cuenta: no era la soga la que me sostenía, sino al revés.
Era yo quien me estrangulaba con ella.
Yo la amarré a mi sin necesidad.
Si para ser feliz no necesito cuerdas...

Y ese fue el verdadero porrazo.


Flor

miércoles, 19 de junio de 2013

Absténgase

- Me incomodan tus silencios...
- Te incomodarían más mis palabras.
- Según qué palabras...
- Esas que no querés oír.
- Mentime.
- Ya lo hago...
- Mentime más.
- Todo tiene un límite.
- Aguantá...
- ¿Para qué? ¿Por qué?
- Por mí.
- ¿Y que hago conmigo?
- No sé... Calla.



Experta en dármela contra el cemento...



Flor

martes, 26 de marzo de 2013

Un resto precario


No es por punk ni por emo, pero realmente no hay futuro.
Tal vez en vos, tal vez en mí, pero no en un "nosotros". Puedo afirmar que los polos opuestos se atraen... y se matan. Se matan con palabras y con acciones el presente, el corazón y el futuro. Después nadie sabe que hacer con tanta sangre.

No es porque haya rebalsado de mierda, ni porque tratando de contener lo incontenible se pudrió todo peor. El verdadero hedor se encuentra en haberlo continuado. El problema está en creer en milagros. En creer que este muerto se iba a levantar, mientras nos comen los gusanos.

Soy el monumento a la insistencia, pero esto ya fue. Es como ir al cine quedarse viendo los créditos de una película. Ya terminó, el resto es pura nostalgia de algo momentáneo.


Pero me quedo con vos obvio; algo llamado inercia no me permite ir. Un largometraje que se repite, que al conocerlo, me deja omitir las partes que me disgustan y escapo hasta que vuelvan ésos momentos que espero.


Vos, yo y nuestros días.
Vos, yo y nuestras noches.


Esos momentos que no los veía con este estanque de agua entre los ojos ¿Y cómo no voy a ver todo tan difuso? Si tengo el mar muerto en la boca, en los ojos y en las venas.

Acepto mis culpas porque este barco lo hundimos de a dos. Y de a dos naufragamos. Y supongo que de a dos nos ahogamos también.

Me seguís produciendo ese no sé qué, que qué se yo. Pero de otro modo.


Flor

lunes, 18 de febrero de 2013

Divina TV Führer, mi amor!

En unos días se cumple un año de la tragedia de Once y los familiares de las víctimas a harán una marcha en memoria de los que no están más.
Hoy me pongo a pensar ¿Será ésta tragedia una más de las que seguiremos rememorando con el mismo dolor de hace un año atrás? ¿Será esta una cicatriz más de las que, entre tantas, seguiremos sangrando? Ésas que las personas siguen llorando, esas que quedaron sin cerrar, que aún no sanan y que con curitas se pretende apaciguar.

Ojo, no estoy diciendo que esté mal recordar, para no repetir, para que esas muertes no hayan sido en vano. Pero realmente nos considero unos coleccionistas de catástrofes, unos rememoradores del dolor.
En fechas como éstas los medios de difusión masiva y la gente entran en una especie de rito anual en el que se compadecen, se emocionan y hablan con total afición de la gente y las secuelas que dejaron estos hechos desafortunados. Claro, esto mientras sea el furor del momento; después será archivado nuevamente hasta el año próximo.

El morbo va a llevar que la gente lea entrevista de las víctimas del hecho, introducirse en su vida, en lo que perdió, el antes y el después del suceso; para estar informado obviamente... ahí termina su participación. Se desempolvarán aquellos datos que sabíamos del hecho y actualizaremos con lo que el telediario nos diga que pasó. Seremos peritos expertos, opinólogos sensibles, total conocedores del asunto, justicieros indignados, hermanos de los que sufren, tal vez algunos lleguen a donar algo o a atestiguar delante de un micrófono lo mucho que apena esta situación.
Y así, súbitamente como apareció, se desvanecerá el tema de la vida de todos, hasta nuevo aviso, por supuesto.

Claramente estamos sujetos a un guía emocional, aquél que indica por qué quejarse, ese que señala el foco de atención. Nuestro "Sauron" nacional, que se encarga por nosotros de señalar el problema.
Realmente es una actitud muy hipócrita pedir justicia una vez al año. Quejarse, no hacer nada, no colaborar con un hecho que fortuitamente no nos sucedió a nosotros. Si la justicia es lenta, es porque nosotros somos unos estancados. Sí, nos quedamos con el recuerdo y nada más, porque si vemos un cartel donde se pide colaboración lo esquivamos, cambiamos de canal o nos vamos a hacer otra cosa. Vemos, nos quejamos y "vamos a otro tema".

De repente, de un día para otro comenzamos a aplicar con total fluidez a nuestras conversaciones diarias términos como 'per saltum', 'cautelar', 'fondos buitres' y 'candy crush'. Aunque sea de muletilla, la colamos en alguna frase y quedamos como los capos actualizados del momento.
Fue así con la fragata, los fondos buitres, el caso Marita Verón, el de la AMIA, entre otros.
En serio, que me perdonen todas las personas que se sienten hechas con su dosis diaria de actualización ornamental, porque no se considera el hecho en perspectiva, sino con la superficialidad y la duración de un pedo en una mano. No nos paramos a hacer más que un teatrito ordinario del drama actual. Es una pantomima de queja nomas, que no asusta a nadie, que no hace mover a los culos del sillón, que no da miedo ni al más culpable del problema.

Básicamente éso. Me enferma un tanto el modus operandi de esta gran nación, que es mío y de casi todos.
Y (como casi siempre) ahí va la fotito del final, ésta vez vuelvo a la última escena de "The Truman Show" una vez que el personaje principal descubre que su vida entera era una farsa.

...

"Let see what else is on"

Nada que ver con la realidad, eh.


Flor