martes, 27 de enero de 2015

De cultura alcohólica...

*Llega tambaleando a donde está él*

- Hol…a
- Estás borracha.
- Sí.
- ¿Qué pasó?
- Estaba viniendo acá y me crucé un bar.
- Ajá.
- Entré y le pregunté la hora, pero entendió ‘un whisky sin hielo’.
- Claro.
- Y le quise preguntar por esta calle, pero entendió ‘otra ronda’.
- Si…
- Y le dije que me iba…
- ¿Y qué te sirvió?
- Nada. Me dijo ‘mal de amores’ y ahí me pedí otro trago.
- ¡Cualquiera!
- Sí.
- ¿Y a qué venías amor?
- A dejarte.





Bang!


Flor
Nuestra tendencia a poner el vino nuevo en botellas viejas tiene un coste elevado: puede volver invisibles elementos diferenciadores y hacernos conceptualizar fenómenos nuevos de manera inapropiada.
— Landow (2003)

miércoles, 10 de septiembre de 2014

El quién sobre el qué

Muchas son las boludeces que circulan y muchas las verdades que se omiten. Hechos que pasan a un segundo plano por el portavoz que lo “comunica”.

¿Es relevante quién dice qué sobre que? Sí. Muy. Pero… ¿Cuál es el límite de su importancia? ¿Hasta qué punto tiene más sentido la boca que modula un sonido amorfo, sobre un contenido tal vez pertinente? Tal vez interesante…

Y digo "tal vez" porque, citando a Galeano, nos encontramos en plena cultura del envase. No importa el mensaje, importa que las ondas sonoras vengan del mismísimo pelotudo que las dice.

Obviamente, todos contamos con aquellos referentes a los cuales seguimos y queremos saber qué tienen para decir sobre tal o cual tema de nuestro interés. Pero también tenemos la responsabilidad de aplicar nuestro criterio para determinar en qué momento el tipo o la tipa se excitó y es víctima de una diarrea verbal.

Es así que muchas veces caemos rendidos ante el impactante y polémico parafraseo de algún pelele que logró robar cinco minutos de aire. Mientras muchos y muchas Casandras[1] sufren el descarte de quienes consumen estos contenidos y de los mismos que los producen.

Me referí particularmente a los medios de pelo… pelo y medio, ya que me encuentro en el preciso interludio que separa a la ingenua y optimista estudiante que hay en mí, de aquel mercenario de la información, comúnmente llamado periodista medio[2], del que espero diferenciarme a toda costa.

No importan los hechos, importan los dichos. Los dichos que los podemos leer, grabar o bajar por mp3 a cualquier computadora o dispositivo con internet. Los hechos involucran otras características, más complejas o palpables que exigen mirar por arriba de la pantalla. Claramente, se trata de apreciaciones más sacrificadas…

Sin embargo, y ya más aggiornado a la cotidianeidad, qué forro el descarte por etiqueta. Ser una voz marginada. Una voz que sólo los perros pueden entender, pero no pueden hacer nada.

Qué cagada pensar que hay gente que se pasa la vida buscando su identidad y otros que tienen que salvaguardarse de ésta, o sino pagar un precio muy alto por ella.

Desgarrarse las cuerdas contra oídos sordos, que dejan tus palabras en el hall, al lado del paragüero. Mientras que otros, de más renombre o preferencia, ante el sólo amague de abrir la boca llenan de inmediato un auditorio expectante.

Así estamos, al pie del cañón, para fumarnos el mal aliento de la “voz autorizada” de turno, sacada de algún “Catálogo de voceros” de dudosa sensatez.

Sabemos que se elige por nosotros, y no precisamente lo mejor, sino lo más redituable. Sabemos que por pautas de "relevancia" muchos quedan fuera, aunque tengan algo re copado para transmitir. 
Y saber, te hace responsable... Te hace parte ser parte de aquellos que excluyen del foco... ¿Lo importante? No sabemos, nadie nunca lo escuchó.

Sólo fue un eco ahogado entre el bullicio de lenguas largas, sin paladar por el sentido.





Flor




[1] Casandra fue sacerdotisa de Apolo, con quien pactó, a cambio de un encuentro carnal, la concesión del don de la profecía. Sin embargo, cuando accedió a los arcanos de la adivinación, Casandra rechazó el amor del dios; éste, viéndose traicionado, la maldijo escupiéndole en la boca: seguiría teniendo su don, pero nadie creería jamás en sus pronósticos. Tiempo después, ante su anuncio repetido de la inminente caída de Troya, ningún ciudadano dio crédito a sus vaticinios
[2]  Hay muchas y claras excepciones a esta definición.

domingo, 11 de mayo de 2014

"¿Originales o remakes?"

El 2014 nos recibe con el lanzamiento de nuevas versiones a la pantalla grande de famosos títulos como Robocop, Godzilla, Las Tortugas Ninja, Frankenstein y El Cuervo, entre otros. Incluyendo a la polémica Carrie estrenada el año pasado, se podría decir que Hollywood ha caído otra vez en esa incesante, y cada vez menos criteriosa, fiebre por rehacer películas.

Sin embargo, esta costumbre de “reciclar” viejos éxitos es tan arcaica como el cine mismo y comienza desde sus inicios de la mano de Segundo de Chomón con “Excursión en la luna” (1908) de su original "Le voyage Dans La Lune" (1902), de George Melies.

Este boom enfrenta nuevamente en el ring a las Películas originales versus Remakes, disparando el debate, con un amplio y variado espectro de opiniones, sobre qué es mejor.

En este sentido, existen versiones para todos los gustos, más o menos fieles, y de todos los momentos. Algunas de estas producciones no se encuentran a la altura de las circunstancias, por lo que no logran revivir el éxito de sus antecesoras. Y otras, en cambio, las superan con creces.

Los resultados muchas veces son determinados por la expectativa previa que se genera en la audiencia; lo cual explicaría un poco el recelo, y a veces hostilidad, que ésta tiene ante las reversiones de algunos clásicos. 

Es decir, no todos los remakes son horribles y que existan tampoco significa necesariamente una ‘falta de imaginación’... aunque con frecuencia sí es el caso.

En ese aspecto podemos encontrar fracasos como “Psicosis” de Gus Van Sant (1998) que repitió plano por plano al clásico de 1960 de Alfred Hitchcock. “Poseidón” de Wolfgang Petersen (2006) que pese a los efectos especiales, no logra equiparar la versión de Ronald Neame (1972). O “El día que la Tierra se detuvo”, en donde la reversión de Scott Derrickson (2008) abandona la moraleja que promovía la original sobre las consecuencias de la intolerancia en plena Guerra Fría, de Robert Wise (1951), para concatenarla con los daños al medio ambiente.

Pero también encontramos remakes que superaron a sus originales, tal y como lo son “Scarface”, “Los infiltrados”, “La gran estafa” y “El amanecer de los muertos”. O reediciones como “Willy Wonka y la fábrica de chocolates” que recibe la característica estética del mundo de Tim Burton. Al menos éstas permiten a algunos curiosos descubrir el film original que, tal vez por el paso del tiempo, quedó enterrado en el olvido.

De todas formas, cabe preguntarse si esta oleada que resurge esporádicamente ¿Es síntoma de un déficit de ideas o una búsqueda por resucitar aquellas joyas del cine?
Aunque como señalan Jordi Balló y Xavier Pérez en su libro Yo ya he estado aquí. Ficciones de la repetición “Desde su nacimiento, el cine combinó esa atracción por la novedad y la repetición”.



Nota hecha para BloguerosUNLZ


Flor

miércoles, 5 de marzo de 2014

Maneras de inmolarse el alma & otros sadismos I



Enamorarte es como criar al león que te va a devorar.
Pero lo haces igual... porque es "lindo"... porque no tenes "nada que perder"... Por motivos, varios.
No sé porqué en realidad, pero se hace.

Y una vez que estás subido a ese tren bala sin frenos, no saltas... Sabes que la próxima parada es la última y seguís inmóvil. No es por el shock, ni porque te falten chances... Es por motu propio.

Ya me estampé dos veces contra la pared, no sé cuantos dientes perderé esta vez, pero no es ese el quid de la cuestión. Lo que vale es el trayecto hasta dártela contra el cemento.

Es la peor ponzoña y el mejor estabilizante. Es por lo que entras al bar y por lo que salís. Es lo que sufrís con media sonrisa. Es tantas cosas que termina siendo nada, pero el puto no deja de existir.

Ojo, no sólo es indescriptible y etéreo, tiene la costumbre de entrar sin golpear, patearte el perro y tocarle el culo a tu jermu. No pregunta, y terminás queriendo sin querer, sin corresponder, a veces de contrabando y generalmente solo.

Una vez contagiados de esta cepa, se quiere hasta agotar stock... Inclusive las reservas de amor propio.
Cuanto más desmotivado, peor es para la integridad física y mental. Sobretodo si sos tu único patrimonio.

Cuadro general: hasta las bolas.


Flor

lunes, 9 de septiembre de 2013

¡Splash!








I.
Sin más preámbulos, solté esa soga de la que colgaba.
A la que me aferraba para no caer y con la que, al final, también me ahorcaba.
Hasta entonces, nunca había deseado tanto el vacío.
Qué momento: El impacto o la asfixia.














II.
Aunque, como dicen, "el peor cambio es arriesgar la paz".
Y por un tiempo me dediqué a sentir el rasguño de sus cerdas.
Viejas. Desgastadas. Ya sin sentido, era lo mismo eso que el vértigo.
Y convertida en un amargo cocktail de resignación, tristeza y frustración, me liberé.








III.
Comencé a caer...
El viento en la cara secaba las dos o tres lágrimas que el cuerpo y la conciencia le dedicó.
Seguí cayendo...
Traté de pensar en otra cosa antes del golpe final.

Caía... 

Cerré los ojos.
Y extrañamente, seguía cayendo...
"Esperá."

Abrí los ojos, y me encontré con que no hubo golpe, ni hubo final.





IV.
Allí caí en cuenta: no era la soga la que me sostenía, sino al revés.
Era yo quien me estrangulaba con ella.
Yo la amarré a mi sin necesidad.
Si para ser feliz no necesito cuerdas...

Y ese fue el verdadero porrazo.


Flor

miércoles, 19 de junio de 2013

Absténgase

- Me incomodan tus silencios...
- Te incomodarían más mis palabras.
- Según qué palabras...
- Esas que no querés oír.
- Mentime.
- Ya lo hago...
- Mentime más.
- Todo tiene un límite.
- Aguantá...
- ¿Para qué? ¿Por qué?
- Por mí.
- ¿Y que hago conmigo?
- No sé... Calla.



Experta en dármela contra el cemento...



Flor