Pero lo haces igual... porque es "lindo"... porque no tenes "nada que perder"... Por motivos, varios.
No sé porqué en realidad, pero se hace.
Y una vez que estás subido a ese tren bala sin frenos, no saltas... Sabes que la próxima parada es la última y seguís inmóvil. No es por el shock, ni porque te falten chances... Es por motu propio.
Ya me estampé dos veces contra la pared, no sé cuantos dientes perderé esta vez, pero no es ese el quid de la cuestión. Lo que vale es el trayecto hasta dártela contra el cemento.
Es la peor ponzoña y el mejor estabilizante. Es por lo que entras al bar y por lo que salís. Es lo que sufrís con media sonrisa. Es tantas cosas que termina siendo nada, pero el puto no deja de existir.
Ojo, no sólo es indescriptible y etéreo, tiene la costumbre de entrar sin golpear, patearte el perro y tocarle el culo a tu jermu. No pregunta, y terminás queriendo sin querer, sin corresponder, a veces de contrabando y generalmente solo.
Una vez contagiados de esta cepa, se quiere hasta agotar stock... Inclusive las reservas de amor propio.
Cuanto más desmotivado, peor es para la integridad física y mental. Sobretodo si sos tu único patrimonio.
Cuadro general: hasta las bolas.
Flor
